Es natural que lo primero que hagas sea pensar en como eliminar el dolor en ese preciso momento. Lo malo es que, una vez lo hayas conseguido, te olvides por completo de ello, no lo estudies, no lo razones, no intentes hallar el porqué de ese dolor. Porque la clave está en el origen. No te contentes con conseguir que el dolor desaparezca. No es un hecho que se produzca a la ligera. Es una alarma, un aviso, una señal que activa el organismo advirtiéndote de que algo no va bien. No caigas en el error de únicamente buscar el alivio. Porque cuando sólo tratas el dolor y no su causa, el problema sigue existiendo, o incluso peor, tiende a agravarse.

Siendo algo catastrófico, sitúate en el incendio de un bosque. Todas las alarmas se activan: el dolor. Y ahora imagina que un iluminado apaga esas alarmas, sin hacer nada más. No llama a los bomberos ni evacúa la zona. Simplemente desactiva el interruptor de emergencia. Es cierto, el ruido escandaloso de las alarmas ya no molesta. Pero en cuanto a lo demás, todo depende del azar. Puede caer una gran tormenta en ese momento y que no vaya a más. O puede que se queme sólo una pequeña extensión de bosque. O lo peor, que el incendio arrase el bosque entero.

Primer paso: el diagnóstico. Según el tipo de dolor que sientas podrás ?adivinar? tú solo cuál es su causa, sobre todo si no es la primera vez que ocurre y tienes una buena ?memoria estadística?. En muchas ocasiones, tú eres consciente de que si haces X después duele Y. Así que la reacción inmediata debería ser evitar o tratar X ¿verdad?. Otras veces no lo tendrás tan claro, y es entonces cuando debes ponerte en manos de un profesional, en este caso un médico (el especialista, más que nada, en diagnosticar), y exigirle no sólo una respuesta eficaz frente al dolor, sino un diagnóstico. Insisto, no sólo conseguir que ?no pase?, sino saber ?qué pasa? y ?por qué pasa?. Si conoces la fuente, el siguiente paso será mucho más sencillo.

Segundo paso: el tratamiento. Ahora ya sabes porqué duele. Por lo tanto puedes tratarlo y no dar palos de ciego. ¿Qué decir del tratamiento? Reiterar que no se base en la neutralización del dolor. Sea cual sea ese dolor. ¿Un dolor de estómago? No me quedo con la sal de frutas? no debería haber comido aquello que sé que no me sienta nada bien. ¿Un dolor de cabeza? ¿Corriendo a por el paracetamol?? Debería tomarme las cosas con más calma. ¿Una hernia discal? Y cada día con la faja? ¡No! Me apunto al gimnasio.

Y un apunte extra respecto al tratamiento. De más ?natural? a más ?artificial?. Otro día escribiré más acerca de este tema. No se trata de desterrar los avances que la ciencia nos ha aportado, sería absurdo. Pero ten criterio. Recurre en primer lugar a lo sencillo, a lo que puede nacer de ti o de la naturaleza. Movimiento/reposo, frío/calor, luz/oscuridad? Si no es suficiente, está la medicina natural, menos ?potente? que la convencional, pero a la vez menos agresiva. Y por último la medicina y farmacia convencional, también efectivas. Y sea cual sea la opción sigue los consejos del profesional que hayas escogido, confía. Sino, no acudas a él.

?puedes usar agua para extinguir el incendio, utilizar ramas húmedas. Después provocar un contraincendio controlado; tardarás un tiempo pero puede que con algo tan sencillo baste. Ahora bien, también puedes arrasar tú mismo más bosque del que quizás se iba a quemar y dejar un desierto en su lugar, aunque? cuánta vida se perdería.

Tercer paso: la prevención. Si ya supuso un esfuerzo no quedarte con el disimulo del dolor y tratar realmente su causa, ¡cuánto te cuesta ponerte manos a la obra para que no vuelva a ocurrir! Revisa tu conducta, tus emociones, tu alimentación, tu entorno, tus movimientos,? y trabaja sobre los factores que podrían provocarte dolor en un futuro.

Si mantienes limpio el suelo del bosque, si no tiras cristal o plástico que pueda incendiarse, si los accesos son buenos,? no tiene porque incendiarse. Y si ocurre, aún te será más fácil sofocarlo.

Prevenir no es una limitación como algunos creen. Éstos son los ?dejados?, los que no se quieren. Pero tú te quieres, quieres encontrarte bien. Prevenir no es una barrera, un ?tú te lo pierdes?. Al contrario, prevenir te dará la libertad de hacer realmente lo que quieras.

¿Qué harás la próxima vez que padezcas un dolor? Más que nunca, escucha tu cuerpo.

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