Cada vez más pacientes llegan a la consulta del psicólogo por si mismos o mandados por familiares cercanos preocupados y nos describen un cuadro de depresión, falta de ganas de hacer cosas, aburrimiento, falta de deseo, sensación de vacío interior y falta de dirección en la vida, entre otros síntomas.

"No aguanto más", "no tengo fuerzas",  "estoy deprimido" son expresiones que se repiten una y otra vez. Pero, es que no hay una depresión  sino que en las distintas personas la depresión se presenta en formas diversas. Nos podemos encontrar con una depresión que es el producto de una perdida. Muchas veces sucede que la persona misma que sufre de ella no sabe que es lo que ha perdido ni por que reacciona en una forma tan fuerte.  Otras veces se presenta como una tristeza prolongada en el tiempo o como sensación de que nada en el mundo es interesante, han perdido las fuerzas y aparece la desvalorización de sí mismos.

Pueden haber personas que sufren de falta total de alegría y de la capacidad de alegrarse y puede llegar a escucharse algo así como" donde todos se sienten felices  yo  entro  en depre".

Existen aquellos que entran en depresión al enamorarse y otros cuando la vida amorosa no se les arregla, están los que se deprimen de repente sin una causa reconocible en ese momento y otras muchas más formas de aparición de la depresión.

Según Jaques Lacan, la depresión  es la consecuencia de un sujeto que se traiciona a sí mismo, sus pasiones, sus propios deseos. Esta persona se niega a reconocer y aceptar su verdad  interior y por lo tanto se siente perdido, abatido y sin ninguna dirección en su vida.

Muchas veces encontraremos que la depresión se encuentra relacionada con los sentimientos de culpa.

En nuestra época, la de la abundancia el sujeto es acribillado por una cantidad interminable de objetos y sustitutos que solucionarían sus problemas y le garantizarían la felicidad sin que tenga que enfrentarse ni con la falta ni con la perdida.

De este modo con un sustituto después de otro, con  una garantía detrás de la otra el hombre moderno se desconecta, se droga, se atiborra de información y al fin se queda decepcionado, insatisfecho y también con sensación de culpa. En soledad y aburrimiento como producto de su propio encierro y desconexión con el mundo y sus prójimos, de su inconsciente y de la vida amorosa.

Clinicaman: Psicólogo online

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